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miércoles, 3 de octubre de 2012

NOCHE DE LUNA LLENA EN EL TEIDE

,El Teide y La Luna Llena
El viernes pasado, me dijo mi vecina Mari que había recibido un correo electrónico de la Asociación de Vecinos de Tegueste, invitando a unirse a un grupo senderista de la Asociación que iban a hacer una caminata por Las Cañadas del Teide a la luz de la Luna. Y daba hora y lugar de encuentro: Centro de Visitantes del Portillo, sábado, 29 de septiembre, a las 7 de la tarde para ver la puesta de Sol sobre el mar de nubes y esperar allí hasta que anocheciera y saliera La Luna.

Inmediatamente se lo comunicamos a nuestra compañera Marisa, especialista en senderos, que aceptó la idea con entusiasmo, porque esa misma idea ya la habíamos contemplado nosotras hacía tiempo.

Preparamos la mochila con lo imprecindible, como siempre, y salimos las tres a la hora prevista en dirección a Las Cañadas.
Atravesamos el mar de nubes, con esa sensación entre temerosa y agradable al circular dentro de las nubes y ver cómo cambiaba el paisaje y el clima.
Pero al salir ya de la zona brumosa, llegando a los miradores que están debajo de las instalaciones del Astrofísico,  el espectáculo que se nos ofrecía ante nuestros ojos asombrados, era de tal magnitud, de tanta belleza, que se hace dificil describirlo: el cielo azul intenso, limpio, el mar de nubes, blanco estriado y tornasolado por los reflejos del sol que brillaba intensamente acercándose a la línea del horizonte. Y allí nos quedamos en silencio para no romper la magia de esos pocos minutos que tarda el disco solar incandescente en hundirse por completo dentro del algodonoso mar de fantasía. Al otro lado el coloso gigante, El Teide, oscuro, en estado también contemplativo. Y diametralmente opuesta al Sol, se veía ya a La Luna ascendiendo a lo alto del firmamento. 
Llegamos al Portillo y ya estaban allí varios grupos de personas esperando a que La Luna fuera cogiendo fuerza y altura para  salir a caminar.
Preguntamos si alguno era del grupo de Tegueste y dos chicas nos contestaron que ellas también estaban esperándoles porque también habían sido convocadas por correo e-mail.
Al ratito llegaron en varios coches y serían como veinte personas. Y ya nos presentamos y nos dimos a conocer. Una gente encantadora, amables, cariñosas y muy pendientes y atentos todos a las personas que nos agregamos a su grupo.
Comenzamos la ruta a La Fortaleza, que queda saliendo del Centro de Visitantes, hacia la derecha y que según ellos tiene una longitud de 8 kms. Salimos a las 8 y media y al principo fue un poco dificil porque todavía se veía poco, pero luego se fue aclarando o nuestros ojos se adaptaron a la luz ténue de la Luna que no tuvimos necesidad de usar las linternas.
Al final  del recorrido llegamos justo al pie de una gran muralla basáltica que formaba un pasadizo asocado de los vientos y que desembocaba en una vaguada, desde dónde pudimos divisar el alumbrado de una población, que decían que era San Juan de la Rambla. Luego retrocedimos y dentro del cañón formado al pie de la Fortaleza, en un terraplén resguardado del embate, nos sentamos a compartir viandas de caminantes y a intercambiar comenntarios sobre la caminata. 
El regreso fue mucho más fácil, la luz de La Luna estaba en su plenitud y en el punto más alto, y parecía casi de día. El paisaje a nuestro alrededor, parecía cobrar vida como en un cuento de encantamientos, las piedras y los arbustos parecían convertirse en personajes, en personajes buenos que en lugar de causarte temor, te hablaban amorosamente y te hacían compañía.
Mirabas al Teide oscuro rodeado de estrellas vivítas, mirabas a La Luna orgullosa dominándolo todo y notabas entre ellos cierta complicidad o juego amoroso. Tanto fue así que se me ocurrió escribir esta pequeña historia poética sobre "El Teide y La Luna Llena.


EL TEIDE Y LA LUNA LLENA

Noche de Luna Llena
empapada de silencio
y cubierta de luz blanca
que baña las esfinges pétreas
que rodean a Echeyde.
Se respira en la noche
la magia que alimenta a la fantasía.
Sobrecoge el ánimo y te transporta
a espacios telúricos inusitados.
Te sientes inmerso en un mundo distinto,
donde la quietud enerva a los sentidos,
donde las voces acarician con textura de seda.
Las palabras se convierten en murmullos
que caen como cascadas que vertieran su caudal
en el foso silencioso de la noche de luna blanca.
En ese momento La Luna se enseñorea,
brilla con tal intensidad desde lo alto
que se siente reina en el firmamento
y coquetea abiertamente con su enamorado.
Echeyde se muestra esquivo, receloso,
y se rodea de estrellas tratando de defenderse
de los efluvios amorosos de la Luna,
que insistente y vestida con su traje de novia,
cautiva y embelesa de amor
al celoso volcán negro
con sombrero blanco de  nieve
y bufanda de hilachas de nube fresca.
¡Que linda pareja hacen
en la noche blanca y serena
El Teide y La Luna Llena!

M. Carmen Martín (marcamar)

 

1 comentario:

Ligia dijo...

Muy inspirado tu poema en la bella noche de luna llena. Precioso paisaje!! Abrazos